¿Qué se puede deducir del alcance avasallador del arte de Roberto Fabelo, al analizar los diferentes temas por los que transita––caras humanas y extrañas figuras, animales y objetos inanimados, a veces arrojados todos juntos, como formando una masa, otras sintetizados dentro de monstruos híbridos––y sus diferentes recursos expresivos que van desde el uso de objetos encontrados para crear fabulosas instalaciones, a un innegable talento para delinear delicados dibujos, exquisitas acuarelas y obras pictóricas, ya sea sobre lienzo, cartón, o tela? Fabelo puede ser meticuloso, con una escrupulosa atención hacia los detalles, y también, intensamente intuitivo, apasionadamente expresionista. Los extremos a veces convergen conflictivamente y sin embargo lo hacen de modo convincente. La maestría técnica de Fabelo es evidente por sí misma, él es el maestro de todos los medios plásticos que toca y transforma, como así también lo es su morbo. Este es el hilo común emocional que se manifiesta en el gran tapiz de obras visionarias que ha creado. Fabelo es técnica y materialmente, asombrosamente versátil, pero también es emocionalmente encauzado. Está obsesionado con ese absurdo innato––uno se atrevería a decir locura tomando como punto de referencia su serie recurrente de Retratos Locos (2003, 2004, 2004, 2008)––en los seres humanos, cualidad extendida a la sociedad como un todo. Para Fabelo tanto el ser humano como la sociedad están irremediablemente malformados, maldecidos y condenados a una suerte de infierno emocional…

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Magia mítica y memoria mórbida: Las Fantasías Visionarias de Roberto Fabelo, por Donald Kuspit.