El malecón habanero por estos días de bienal se viste de gala a partir de su intervención por artistas cubanos y extranjeros, invitados a participar en el proyecto Detrás del Muro II. Dentro de la nómina de creadores sobresale el diálogo que el curador de la exposición, Juan Delgado, ha querido establecer entre jóvenes creadores y artistas consagrados. Dentro de este último grupo sobresalen maestros de nuestras artes visuales como Roberto Fabelo y Manuel Mendive, ambos condecorados con el Premio Nacional de Artes Plásticas.

Precisamente Roberto Fabelo (Camagüey, 1950), a quien recordáramos en la pasada edición de dicha muestra colateral exhibiendo su león rojo saliendo del agua, se presenta en esta ocasión con una pieza que se inscribe dentro de su tradicional temario. Resulta casi imposible para quienes se encuentran más relacionados con el mundo del arte, recorrer el malecón habanero y no identificar Delicatessen como una pieza de su autoría. El artista acude a su habitual y distintiva poética en una instalación que forma parte de su serie homónima, en la que ha venido trabajando desde hace varios años, utilizando los mismos motivos en diferentes manifestaciones y soportes: escultura, dibujo, óleo sobre madera y mixta sobre metal. En ella se reiteran a nivel visual recipientes usados para comer – platos, jarras, calderos y tenedores – en una feliz unión; muchas veces incrustados estos últimos en esos seres fantásticos del mundo imaginario de Fabelo, los cuales hacen referencia lo mismo a La Divina Comedia de Dante Alighieri, que al realismo mágico de Gabriel García Márquez.

Esta vez, con semejante poética con la que trabaja la obra que presenta en la exposición colateral Zona Franca, sobredimensiona un caldero negro y le inserta un sinnúmero de tenedores que cubren toda su dimensión. Continúa echando mano de los objetos ordinarios de la vida cotidiana, para conformar sus obras. A partir de dicho reciclaje, posteriormente los interviene y en ocasiones sobredimensiona, como sucede en Delicatessen; donde nos propone un gran caldero de tres metros de diámetro y cerca de dos y medio de altura, a partir del cual se refiere al tema de la lucha por la subsistencia como un problema local y también global.

Con un título sumamente irónico, más allá de la exquisita factura de la pieza y de que podamos experimentar a partir de su hechura gran placer estético, nada hay de delicado a nivel conceptual; pues con ella se llama la atención sobre una problemática que a escala mundial está afectando actualmente a la humanidad. El hambre es uno de los tantos males que aquejan al mundo y con plena conciencia de ello, el artista explota las capacidades que tiene el arte para hablar desde dicho ámbito y auxiliándose de determinados tropos, de temas punzantes a nivel humano y social. En contraste con la idea que sugiere el término delicatessen[1], dicho caldero lejos de devenir receptáculo de exquisitos y finamente elaborados productos alimenticios de alta calidad, se presenta como una Caja de Pandora -que en realidad era un ánfora o jarra-, contenedora de uno de los tantos males que perturban a la humanidad.

Su interior vacío, símbolo de la hambruna, se ve reforzado por la intervención de muchos tenedores con ansias de comida, tras los cuales han quedado omitidos seres que padecen una necesidad básica: la de alimentarse. Como sutil metáfora de la situación que millones de personas padecen en el planeta, dicha instalación, a partir de los significantes utilizados por el artista -caldero y tenedores-, conecta con gran claridad con dicha problemática.

Este asunto lo podemos rastrear en su producción artística desde que allá por la década del ochenta de la pasada centuria, en su serie Fragmentos vitalesLa mesa. Tres décadas después de Fragmentos vitales, con Delicatessen le da continuidad a dicha temática, aunque ahora en una pieza particularmente despoblada de sus seres ficcionales, hipertrofiados y enmascarados.

Ubicado en el malecón habanero, el caldero de Fabelo semeja un erizo de mar salido del agua, portando tenedores cual púas móviles. De atractiva visualidad, es una pieza que estimula la interacción y confrontación directa con el público. De ahí que resulte muy frecuente ver al transeúnte acercarse a la obra y tratar de tocar los tenedores, asombrarse por tanto cuidado y esmero en su colocación y sobre todo por las dimensiones de la obra. Es un caldero sobrecogedor, aplastante en comparación con la escala humana, pero que muy bien se inserta en la avenida Malecón. Sus dimensiones no solo responden al lugar donde se encuentra emplazado, sino que -además de formar parte del estilo de trabajo del artista, a gran escala- a nivel conceptual nos habla de la envergadura del asunto abordado.

Maestro del dibujo y la pintura, Roberto Fabelo ha demostrado dominar con creces también la tridimensionalidad. Su participación en la XII Bienal de La Habana corrobora sus infinitas cualidades como artista, inagotables como su poética, siempre atractiva y poseedora de un encanto singular.

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1-La palabra delicatessen viene del alemán y está compuesta por Delikat (delicado) y Essen (comida). Tipo de tienda especializada que ofrece alimentos exclusivos por sus características especiales, por ser exóticos, raros o de elevada calidad en su ejecución.

Tomado de: http://artoncuba.com/blog-es/fabelo-y-sus-delicatessen/